6 December, 2025

Cinéfilas

ESPACIO CINÉFILO PARA LA RESISTENCIA SOCIAL

“No tuviste compasión, no hiciste uso del movimiento del alma
que nos hace sensibles al mal que padecen los demás.”
Lobo suelto, cordero atado (1993). Indio Solari

 Por Sandra Pereyra

Como siempre, el arte es un faro hacia el futuro porque nos ayuda a distender las emociones y provocar en sus estrategias narrativas y visuales nuevos pensamientos.

Los movimientos feministas y de derechos humanos latinoamericanos, largamente sostenidos en las marchas y expresiones populares y profundamente fundamentados por profesionales del derecho, propugnan por la igualdad entre mujeres, diversidades y hombres por los derechos validados en acuerdos internacionales y en marcos normativos locales.

No obstante, en pleno siglo XXI en el mundo global y especialmente en nuestras débiles democracias latinoamericanas, asediadas por los embates excluyentes de las derechas, se siguen resistiendo y refutando los discursos y prácticas sociales de unas expresiones de las minorías privilegiadas que discrimina, sentencian y promueven todo tipo de exclusiones. En este espacio cinéfilo veremos que el campo de la cinematografía da cuenta de esas resistencias, enseñanzas y luchas.

BELÉN (2025)

En PRIME-VIDEO

En este tiempo liminal de sensaciones borrosas, habitando cuerpos que parecen suspendidos en una hamaca de tela, precaria, débil, silenciosa, mecidos por ¡lo imposible! que intenta con todo el asco hacernos olvidar lo fácil que nos resulta reconocernos una frente a la otra aparece una película que grita, aúlla y canta -¡Ya despiértate nena!- (y vos también)

Es imprescindible recomendar este filme basado en hechos reales y adaptado de la novela Somos Belén (2019) de Ana Correa, co-guionado, dirigido y protagonizado por Dolores Fonzi como Soledad Deza (la abogada) y Camila Plaate en el papel de “Belén”.

Una joven de 24 años, que se presenta a un hospital con dolores abdominales, en algún momento del año 2014 termina siendo acusada de practicarse un aborto. La protagonista será arrastrada por todo el sistema institucional de la provincia de Tucumán a vivir un calvario: el personal de la salud, el policial y el aparato del poder judicial patriarcal. Todos cómplices de una aberrante injusticia.

Un relato necesario que enoja (mucho) y emociona aun cuando retrata la violencia ejercida, tanto en la figura de Belén como en la de su abogada. También hay, algún pequeño espacio para el humor porque, si algo aprendimos las mujeres y mujeres trans, es que juntas somos ese prisma que ilumina la lucha en todos sus matices y reirnos en momentos de suma tristeza o furia ante la iniquidad, la violación de todos los derechos fundamentales en un solo cuerpo, de mujer, pobre, en una provincia particularmente conservadora, y por sobre todas las cosas: en democracia, es el combustible absoluto para formar un tsunami.

Y este será verde y será violeta y rugirá con toda la fuerza de la manada.

“Belén” es apta para mayores de 13 años pero toda la familia debería verla, porque educa, abraza y, sin soberbia alguna, engalana la lucha feminista argentina con varones que acompañan sin duda alguna, devolviéndonos, así, un guiño de esperanza.

ELEFANTE BLANCO (2012)

En NETFLIX

Se trata de una película argentina del año 2012 dirigida por Pablo Trapero. Es un drama protagonizado por Ricardo Darín en el papel de Julián, Jérémie Renier encarnando a Nicolás y Martina Gusmán a Luciana, dos curas y una asistente social que luchan contra un sistema verticalista e injusto, tanto de la esfera judicial como eclesiástica.

Durante el filme se puede apreciar un Estado ausente si lo concebimos como garante de derecho a una vida digna, plena y presente. Los personajes se afanan por combatir el control policial en el seno de un barrio con una realidad económica asfixiante y separado de otra realidad privilegiada mediante un paredón.

En el estómago de este elefante blanco habita parte de una población sumida en la desidia, la desesperación y la falta de respuesta, la que por indiferencia estatal es arrojada los brazos de las organizaciónes criminales que operan dentro de las mismas tripas y al enmascaramiento, producto de la estigmatización de los otros, los de afuera, por desconocimiento o desinterés, a través de la discriminación.

Se expone la representación (para aquellos/as que no vivimos allí): “son todos delincuentes, planeros, vagos, chorros”. “¿Por qué el infortunio de ser pobre te vuelve invisible o “malo” para el resto de la sociedad?”

Basada en hechos reales, “Elefante blanco” muestra un edificio en proceso de construcción inconcluso o fallido de su historia y arquitectura, que finalmente fue demolido entre 2018 y 2019, con el peso de promesas políticas jamás cumplidas. En ese contexto se juegan las tensiones entre curas villeros, vecinos/as como voluntarios/as civiles, empleados de la salud versus su forma negativa representados en los narcotraficantes, mafias o pandillas, cada grupo con una cultura particular y propia. Los actores y las actrices sociales benevolentes intervienen directamente en los conflictos, más allá de reconocer algunos límites en determinados lugares del barrio que habitan (por adopción o elección) y de vivir los conflictos entre personas que intentan… Todo es INTENTAR -¡¿intentar qué…?!-. El compromiso de una persona con y hacia otra persona, una historia tensa, que moviliza y está al otro lado de tu vereda, o a unas pocas cuadras de tu casa.

En ese contexto, se ven escenas penosamente típicas, como las fotografiadas especialmente durante un velorio (disparos al aire, arrojo de alcohol sobre el ataúd). En esta escena subyace otro temazo: el poder de los cuerpos, no solo explícita en el homicidio, sino también en el manejo de ese cuerpo como botín en la marginalidad, y en él la paradoja de la destrucción y también del amor.

En esta película se presenta el límite y la diferencia, se estampa un “nos” y un “otros” que se complementan en algún punto, accediendo al diálogo de culturas diversas pero con una historia común, como es nuestra historia argentina. Ese barrio popular de cientos de habitantes comparte valores, creencias, ilusiones, códigos, rituales y problemáticas que les son propias y, a su vez, se interrelacionan con la realidad de un país, de una nación a la cual también pertenecen, con un afuera abstracto en cierto sentido y una brecha marcada entre quienes nacieron en ella y quienes se acercaron por amor a la otredad, por lealtad a un juramento o por compromiso social.

Es una brecha vetusta, agrietada socioeconómica que nadie repara, donde la villa pasa a ser un sistema lleno de subsistemas, no exentos jamás de demagogia, con una población potencialmente tentadora para accionar el tren electoral y lastimosamente olvidable cuando se trata de garantizar sus derechos.

Otro mastodonte argentino en plena construcción o destrucción, dependiendo de qué lado del paredón o del bolsillo elijas mirar o el sentido que quieras imprimirle a estas libertades de hoy. Y cabe la pregunta -¿Quién sos en esta historia?-. La película sirve para que te declares. Y nos enfrenta a esta argentinidad cíclica que parece no tener fin.

Mirala.