Olor a libro nuevo. Algunos apuntes sobre la Colección Identidades Bonaerenses
Por Matías Esteban
Nota publicada en papel en el número 4 de la revista ZigZag*
Llegan cajas con libros nuevos a las bibliotecas de las escuelas. Las etiquetas dicen Colección Identidades Bonaerenses.
A algunos docentes nos alegra este tipo de arribos ya que pueden facilitar ciertos aspectos del conocimiento que se produce en nuestras aulas. Sin embargo, conocemos otros lectores que se ocupan de rascar minuciosamente con sus uñas vigilantes los índices hasta encontrar con qué alimentar sus prejuicios y fantasías mórbidas sobre el universo escolar, y así poder escupir sus listas negras de libros que según sus lagañosos ojos no deberíamos leer en las aulas. Polémicas de humo sobre lo que se lee en las aulas que nunca se acercan ni aportan nada a lo que realmente ocurre en nuestras escuelas.
La única verdad es la realidad de la Colección: son más de cien títulos (ciento veintidós y acá va un emoji carita de asombro) que llegaron a los estantes de todo el sistema educativo bonaerense, es decir a más de tres mil escuelas secundarias, agrarias y técnicas, y de adultos, además de otras instituciones: bibliotecas municipales y populares, centros de formación e investigación docente. El amplio catálogo de la Colección cuenta con títulos que abarcan lo literario, la historia, el territorio, las identidades, etc. Todo esto y que bufen los eunucos. Los libros están y vamos a hacer algo con ellos.
Los profes somos mediadores de lectura entre nuestros estudiantes y lo que la escuela les ofrece para leer y aprobar sus recorridos escolares. Esta tarea docente implica una serie de complejidades que van desde los desafíos para lograr captar los intereses de los alumnos, elección de los materiales, gustos e intereses personales, cumplir con diseños curriculares, etc. Y uno de los más complejos es qué hacer con lo nuevo, y la novedad en literatura cuando ingresa como sucede con la Colección Identidades Bonaerenses nos genera muchos problemas.
Es por todo esto y para intentar esquivar las polémicas nefastas sobre “qué deben leer nuestros jóvenes por su bien” y mostrar un ventiluz desde donde asomarse a lo que a veces pasa en un aula, es que les propondré, de acá en adelante, lecturas de algunos títulos de la colección y posibles recorridos. Debo mencionar que lo que leerán a continuación está apuntalado en los cursos de formación docente que brinda el gobierno de la provincia de Buenos Aires a través de la Dirección General de Cultura y Educación. También la intención de estas palabras es dar un abanico de ideas para animar el acercamiento, mostrar herramientas y formas de establecer lecturas por ejemplo a partir de conceptos por ejemplo la lengua, el tiempo, la tradición, etc. A partir de acá les comparto los caminitos de vacas que abrió mi lectura.
Tocar y abrir los libros
Así si nos detenemos en la novela “Una familia bajo la nieve” de Monica Zwaig podremos ver que se trabaja la lengua desde múltiples aspectos lo que provoca diversos efectos en el texto. La novela cuenta las vivencias de una familia exiliada desde la mirada de una joven. Una familia argentina atravesada por el exilio en Francia. Si nos concentramos en dos aspectos de lo familiar, por un lado la lengua materna en tensión con el lugar donde está exiliada esa familia y la lengua de ese territorio, y por el otro la lengua en el entorno cercano como en los chismes, comentarios y ocurrencias derivadas de la proximidad entre los seres humanos, leeremos que la narradora recorre su lengua familiar, su historia, trazando diversos recorridos. Algunos de esos caminos y búsquedas buscan una especie de registro, de reivindicación, un comentario humorístico, formas de ilustrar lo familiar cotidiano así como su historia. La narradora ilumina estos recorridos a partir de mostrar distintas formas de la lengua familiar y cotidiana.
Un ejemplo se puede ver en el párrafo donde explica el origen de su nombre y los de sus hermanos. Establece diferencias y vínculos a partir de este motivo: “Los nombres de mis hermanos son Evaristo, Eva, y Eliana. Los tres con E, menos yo porque mi nombre empieza con H. Harmonica… Cuando mi mamá se enteró que estaba embarazada me quiso llamar Aurora pero no sabía pronunciar ese nombre en francés. Ella pronunciaba horror, en vez de Aurore. Entonces, como no podía llamar a su hija Horror, por más que algunos llamen a sus hijos con nombres terribles como Dolores o Consuelo, Concha o Concepción, mi mamá se dejó llevar por el sonido melancólico de la armónica. Yo empiezo con H para que suene más francés porque en este país hay un montón de letras mudas, y porque mis padres tenían la secreta esperanza de tener una hija más bien silenciosa, que no opine mucho sobre las cosas. Por más esdrújula que sea, mi nombre no lleva acento en castellano, porque fui anotada en Francia y los nombres no se deben traducir”. Es también un ejemplo de que en los nombres se inscriben las marcas de la diferencia, de nacionalidad, de género, etc. además le sirve para hilvanar comentarios que rozan el humor como la enumeración de nombre terribles, o críticas hacia dentro de la propia familia y sumar por último una nota sobre las complejidades de la traducción. En otra parte también vemos la lengua en cuanto a su uso si la entendemos desde la pragmática. La familia se ha mudado a un barrio donde la vecina de enfrente es conocida como “la chusma del barrio” y es quien le cuenta diversas historias de la casa que habitan y del barrio. Aquí la narradora se enfrenta a estos actos de habla complejos, los chismes, que construyen su mensaje dependiendo en gran medida del contexto pero inoculado fundamentalmente con la intención de quien lo emite. En este caso los comentarios de la vecina aparecen con cierto velo truculento. Es ella, por ejemplo, quien les cuenta sobre las muertes trágicas acaecidas en la casa donde acaba de mudarse la familia de la narradora pero no se hace evidente la intención de porqué es que cuenta lo que cuenta, aunque también se logra cierto humor algo sombrío porque la vecina les regala la soga con la que se colgó el antiguo dueño. Esta multiplicidad de sentidos que despiertan con este trabajo particular de la lengua combinado con ese humor un poco absurdo que aparece a cada página es una de las características que resultaron más interesantes de la novela y por eso también puede resultar productiva su lectura en un aula.
Recorrer los estantes
Otra idea para acercarnos a los libros de la Colección es desde el concepto de tiempo. En el libro de poesía “Lo que sale de su cauce” de Claudio Gómez, en una primera lectura podemos conjeturar que utiliza imágenes, referencias, acciones con el agua, el río, la pileta, el mar, lo líquido y en estos versos parece apelar al sentido del símbolo del tiempo como un río y a las imágenes que remiten al agua como un espacio de nacimiento, etc. Además, hay poemas donde se cuelan recuerdos, la voz poética recuerda su familia, la infancia, etc. y no hay agua en esos versos pero sentimos una corriente, la fluidez nostálgica de la memoria que nos lleva a la lectura.
También a través de estas ideas se puede leer el siguiente fragmento de “No abrás la última puerta” de Luciano Molina. En esta novela leemos la desesperación del joven protagonista al experimentar y sufrir el paso del tiempo los cambios que vive, el transcurrir de la infancia y la juventud a un tiempo más desconcertante, el futuro, lo incierto. Le dice a su novia llorando: “¿Sabés qué ganas tengo de volver a tener, no sé, doce años? Volver a esa edad… Ni siquiera puedo hablar de un futuro si no sé qué puede pasar mañana. Total, ¿para qué? Si podemos morirnos en cualquier momento…De repente se me pasó por la cabeza que la raíz de mi problema residía en una conjugación de futuro con presente, de realidad y esoterismo. De todo o nada.”. El protagonista experimenta un dolor muy profundo ante lo que le ocurre con respecto a la maldición que lo arroja a la aventura pero puede leerse que hay un sentido más en ese espanto y es el de sentir que se convierte en algo diferente a ese niño que fue, que esa infancia se ha perdido de forma irremediable.
Y en este estante encontramos el libro “Historias de abuelas” que reúne ficciones alrededor de Abuelas de Plaza de Mayo escrito por varixs autores. En el cuento “Entre tejidos” de Laura Ávila podemos leer el tiempo a partir de la búsqueda de los familiares, de las luchas, de lo que experimentaron y construyeron en esos caminos. Hay una idea de tiempo propio del sentido que han venido construyendo al buscar, al luchar. Sus hijos están desaparecidos y la forma en que los familiares y organismos de derechos humanos los convirtieron en símbolo de lucha se puede leer en la idea de tiempo en que se expresan los reclamos. La madre del protagonista le explica que buscan a su hermano porque les dijeron que “no está en ningún lugar… ni vivo ni muerto ” por lo que el chico se angustia. Entonces, la madre lo consuela diciéndole que es mentira y que lo van a encontrar. Si podemos decir que la muerte es pasado y la vida es una proyección hacia el futuro, el desaparecido que no está ni vivo ni muerto es presente porque es lucha, es ahora, y quizás es por eso que la consigna se enuncia en presente: “son treinta mil”.
Conversar con los clásicos
Si vamos a los anaqueles de la literatura canónica argentina también podríamos entrar en diálogo por ejemplo a partir de la idea de tradición a partir de la idea de tradición que puede servir para entrar en “Martín Fierro” de José Hernández que se lee en cuarto año de la escuela secundaria. Se pueden hacer diversas articulaciones con algunos de los libros de la Colección y la idea de tradición puede hilvanar ciertos conceptos que sería bueno trabajar con lxs chicxs.
Ahí está el libro “Las tribus de La Pampa” de Miguel Ángel Palermo del que se podrían leer fragmentos donde se cuentan algunos aspectos de la vida cotidiana de los pueblos originarios para comparar o complementar la mirada que se tiene de ellos en la obra gauchesca. En “El gaucho Martín Fierro” se refiere a los indios con cierta admiración por la forma de luchar y, además por la calidad de sus caballos. Datos sobre esos dos aspectos que podemos hallarlos en la lectura de “Las tribus de la pampa”. También podríamos hallar cierto parentesco con varias cuestiones de su vestimenta, alimentación, atuendo, armas y formas de relacionarse con el caballo qué el gaucho poseía y que provienen de la tradición de las culturas originarias.
Se me ocurre que podría sugerir un recorrido por el libro “Nativas” de Loreto Salinas, Paula Fernández y Adriana Burgos para ver y conocer un poco la flora autóctona de nuestra provincia en aquellos fragmentado donde se cuenta la forma en que el gaucho se relacionaba con su entorno natural, sobre todo en el momento en que se escapa del fortín para mostrar algo de lo que puede haberse encontrado el gaucho en su vida en libertad.
Y, por ultimo, con el libro “Dos argentinas” de Norberto Galasso se pueden ejemplificar las posiciones políticas, subjetivas de Arturo Jauretche y Victoria Ocampo. Por ejemplo podemos ampliar conceptos de civilización y barbarie ya que es una tradición de pensamiento que cruza a estos autores. Jauretche cuenta que cuando era pequeño se vinculada con peones de campo y con gauchos viejos que le mostraban una tradición y una forma de hablar típica de los gauchos. El caso de Ocampo lo podríamos leer como lo opuesto pero que sin embargo forma parte de la Argentina ya que también es parte nuestra.
Yendo por un caminito de vacas
Este puñado de libros que alcancé a mostrarles entiendo que pueden resultar provechosos para habilitar diversas lecturas e interpretaciones variadas en nuestras aulas y quisiera que funcionara como un mojón de salida hacia compañerxs que transitan las aulas bonaerenses y se encuentran con la oportunidad de llevar algunos libros de esta Colección.
*Nota publicada originalmente en ZigZag, revista andariega, número 4, diciembre 2025, quinta edición, La Plata.
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