Por Daniel Rojas Delgado
Profesor de Prácticas del Lenguaje de 3° 1°
Con gran orgullo podemos contar que en agosto de este año inauguramos una nuevo Anexo en Villa Elvira: un 3° año de FinES de la sede Patria Compañera en el Club Villa Montoro (96 y 118 bis). Todas mujeres jóvenes que, antes, durante o después de clases estaban atentas a sus hijos e incluso las acompañaban a clase. Tres veces por semana, todas las tardes, la gente del club nos recibió con los brazos abiertos y les copamos el salón principal. Un esfuerzo bárbaro que valió la pena.
Las clases de Prácticas del Lenguaje las comenzamos con un poco de timidez, clima que por suerte duró poco, ya que pronto logramos generar un clima distendido, alegre y de curiosidad para practicar la lectura en voz alta, hacer preguntar sobre cosas que no entendían, interpretar letras de canciones o noticias, y ejercitar la lapicera y la mente para animarse a escribir ficción o hablar de sí mismas.
La cursada incluyó textos sobre viajes como las crónicas de Indias y recetas de cocina, literatura política relacionada con la Revolución de Mayo y la historia nacional, así como también producir carteles y analizar cuentos clásicos como El Matadero o las obras más importantes de Sarmiento y de Hernández: el Facundo y el Martín Fierro, respectivamente.
Estas fueron algunas preguntas que usamos para conversar y abrir el debate en el aula: ¿A qué textos tuvimos acceso en la escuela? ¿Qué tipos de textos circulan en nuestro cotidiano y qué prácticas de lectura y escritura llevamos a cabo? ¿Por qué la literatura podría ser entendida como una tecnología de poder? ¿En qué textos literarios los “otros” son construidos como peligrosos y cómo? ¿En qué textos literarios o mediáticos actuales podemos observar la dicotomía “civilización/barbarie”? ¿Qué es lo nacional?
Un trabajo final de producción de poesías
Como la situación problemática de 3°1° gira en torno al acceso a las tecnologías como herramientas y a la importancia social de la escritura, el acento estuvo puesto allí, sin dejar de atender también el uso y la práctica de la oralidad, como una poderosa herramienta para el mundo adulto y hacer valer sus derechos.
A su vez, tras leer poesía gauchesca canónica y ver algunos ejemplos similares, la propuesta del trabajo final consistió en escribir de forma colectiva una serie de poesías para leer en voz alta el último día de clase. Y sí, por suerte se animaron al desafío.
Se dividieron en tres grupos y armaron un primer borrador que fuimos mejorando, tachando y editando; lo practicamos de pie durante tres clases, para que tomaran confianza, hasta que encontramos el tono y la comodidad necesaria para luego lograr, efectivamente, una hermosa experiencia de lectura grupal el jueves 11 de diciembre.
Este grupo de mujeres nos mostraron, se demostraron y nos recuerdan una vez más que, en comunidad, es posible lograr cosas impensadas. En este caso, un aprendizaje significativo para sus vidas que tuvo como “frutilla del postre” ver impresas sus poesías en papel y a todo color para llevarlas a sus familias. Después también hubo brindis y una mesa real con cosas ricas de postre, pero esa ya es otra historia, muy empalagosa para contarla un día caluroso como hoy.



